El Senado de los Estados Unidos y el USCIS recientemente ambos han hecho esfuerzos para proveer más oportunidades de inmigración para militares veteranos y aliados de los Estados Unidos.  Estos cambios de política abarcan dos guerras y tres generaciones, desde las montañas de Afganistán a las islas de las Filipinas y demuestran que algunos individuos dentro de nuestro gobierno aún están pendientes del bienestar, seguridad y el confort de aquellos individuos que pusieron sus vidas en la línea de defensa de la libertad.

El 8 de junio, el USCIS implementó el “Parole” de los Veteranos Filipinos de la II Guerra Mundial, una política que le permitirá a ciertos Filipinos con solicitudes basadas en familias de inmigrantes a solicitar una concesión de libertad condicional y venir a los Estados Unidos a vivir mientras esperan que sus números de visas de inmigrantes estén disponibles.  Esta nueva oportunidad está destinada para los miembros de familia de aquellos veteranos Filipinos quiénes pelearon por los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y desde entonces se han hecho ciudadanos americanos o residentes permanentes.  Ahora en el atardecer de sus vidas estos viejos héroes podrán pasar el resto de sus días con sus familias.

La importancia de los Filipinos y las contribuciones de sus ciudadanos a la causa de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial han sido hace tiempo olvidadas ya que el tiempo nos ha separado del conflicto.  Los japoneses atacaron a las Filipinas, controlada por los americanos, solamente horas después que atacaron a Pearl Harbor por la importancia estratégica que suponía esta isla nación.  Control de las islas, particularmente Luzón, le permitiría a los japoneses el controlar las líneas de comunicación y embarques para tener el control suroeste de su imperio. Las fuerzas armadas combinadas americanas y filipinas pelearon duro pero sin relevo ni refuerzos y la nación finalmente cayó a las manos de los japoneses en Abril  Mayo de 1942 después de las Batallas de las Filipinas, Bataan y Corregidor.  Sin embargo, miles de filipinos escaparon a las junglas e islas más pequeñas y continuaron comprometiendo a los japoneses con la guerrilla hasta que los americanos volvieron a la fuerza en el 1945.

Ya dicho todo, más de 260,000 soldados Filipinos se enlistaron a pelear por los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.  Después de la guerra, estimados indican que hasta 26,000 de esos veteranos se hicieron ciudadanos americanos, y entre 2,000 y 6,000 aún hoy están vivos.  Con la excepción de parientes inmediatos, como padres, cónyuges e hijos solteros menores de 21 años, las categorías de visas para las Filipinas tiene algunos de los tiempos más largos de espera de todo el mundo. Algunos de estos veteranos han estado esperando por más de dos décadas para traer a sus hermanos e hijos casados a los Estados Unidos. Sin embargo, con la implementación de la FWVP, esa espera ya ha terminado.

Bajo la nueva política, el USCIS estará considerando solicitudes individuales para “parole” sometidas por ciertos parientes quienes son beneficiarios de una solicitud de visa de inmigrante basada en familia presentada por veteranos Filipinos o sus esposas sobrevivientes.  El USCIS ejercerá su discreción para determinar si la otorgación de un “parole” es apropiada, tomando en consideración la edad avanzada de estos veteranos de la Segunda Guerra Mundial y sus esposas sobrevivientes y su necesidad de cuido, apoyo y compañía.

A los recipientes de “parole” les será permitido viajar a los Estados Unidos y permanecer aquí hasta que sean elegibles para ajuste de estatus de residencia permanente.

Este beneficio de inmigración viene siete años después de otra victoria para los veteranos filipinos, cuando el Presidente Obama aprobó una apropiación congresista de un pago de una sola vez de $15,000 para veteranos de la Segunda Guerra Mundial que ahora son ciudadanos americanos y $9,000 para aquellos que no lo son.  Estos beneficios de pensión, cuidado de salud, etc., fueron previamente negados a los veteranos Filipinos cuando el Presidente Truman firmó el Acta de Rescisión del 1946, el cual negaba todos los beneficios militares a los veteranos de las Filipinas bajo el razonamiento que el Congreso ya le había dado millones en ayuda extranjera al Estado Libre Asociado de las Filipinas. Sin embargo, la Administración actual no ha permitido los esfuerzos galantes de nuestros aliados Filipinos a que no sean recompensados.

Para no ser menos que la rama ejecutiva, varios senadores de los Estados Unidos han introducido una enmienda a la política de defensa del 2017 que autorizaría 4,000 visas adicionales para afganos que sirvan como intérpretes a las tropas estadounidenses y a oficiales durante la guerra en Afganistán para venir a los Estados Unidos.

Esta enmienda aseguraría la continuación del programa de la Visa Especial de Inmigrante (SIV), el cual nuestros comandantes militares han considerado como un gran activo durante las guerras de Iraq y Afganistán.  El programa SIV, promulgado en el 2006, permite a nacionales de Iraq y a nacionales de Afganistán a convertirse en residentes permanentes si trabajan como traductores o intérpretes, o que fueran empleados por, o a nombre del gobierno de EU en Iraq o Afganistán.  Durante la década pasada, más de 37,000 individuos de Iraq y Afganistán han sido otorgados status especial de inmigrantes. Sin embargo, el programa de SIV ha sido plagado de complicaciones en el procesamiento de las solicitudes, demoras en los controles de seguridad, marcos de tiempos inútiles y limitaciones numéricas frustrantes. Estos problemas han causado atrasos mayores en Afganistán, más de 10,000 individuos calificados han estado en el limbo por años.

Aunque estos intérpretes Afganos y empleados han servido junto a americanos en situaciones peligrosas, su decisión de apoyar los esfuerzos de los EU muchas veces los dejan vulnerables y en ostracismo, particularmente después de concluido su empleo y tiempo de espera para su visa. El Talibán y otros grupos militantes han estado secuestrando y asesinando a estos aliados cuando la oportunidad se presenta. Y, con las preocupaciones de seguridad americana en su nivel más alto, estos hombres y sus familias están siendo dejados sin protección mientras su procesamiento de visa se sigue arrastrando.

Aunque el programa de SIV es para afganos e iraquíes, el incremento propuesto en las visas disponibles aplica solamente a los aliados Afganos. La Senadora Jeanne Shaheen (D-NH), quien introdujo la enmienda, ha encontrado apoyo bipartidista en la Comisión de los Servicios Armadas del Senado con John Mc Cain (R-AZ), Jack Reed (D-RI), y Thom Tillis (R-NC). En su apoyo para la enmienda, el Senador Mc Cain dijo: “Nuestra nación tiene una obligación moral de proteger esos Afganos cuyas vidas están en inminente peligro hoy porque ellos apoyaron las tropas americanas y diplomáticos”. Aunque no ha habido soluciones para el largo proceso y las demoras de autorización de seguridad, un incremento en el número de visas disponibles empezará a aliviar el atraso del SIV para los afganos.