Mientras que a los ciudadanos Estadunidenses por nacimiento nunca se les puede quitar la ciudadanía, los ciudadanos naturalizados no disfrutan de esta seguridad si su ciudadanía se obtuvo con fraude o falsa representación. A veces esta revocación es justificada. El pasado enero, ICE presentó una querella civil de desnaturalización en contra de un exmiembro paramilitar de Bosnia quien había cometido asesinatos extrajudiciales durante el conflicto en esa zona. En años pasados, el descubrimiento de ex miembros del partido Nazi o los simpatizantes y los procesos posteriores de desnaturalización normalmente recibían titulares positivos en los medios, ya que los Estados Unidos no quiere convertirse en un refugio seguro para los abusadores de derechos humanos en el mundo.

La Administración de Trump ha dado un paso más con la desnaturalización. A una nueva oficina en el Sur de California se le ha dado la tarea de revisar y referir casos para procesar judicialmente y desnaturalizar. El enfoque son las personas a las que se le habían negado las solicitudes de naturalización previamente, pero crearon una identidad falsa para obtener la ciudadanía. Inquietud sobre este tipo de fraude precede la Administración de Trump. El presidente Obama supervisó la Operación Janus, la cual puso al descubierto el fraude en las solicitudes de ciudadanía; en el 2016, el Inspector General descubrió que por lo menos 858 personas habían obtenido la ciudadanía a pesar de haberlos deportados bajo una identidad diferente. Actualmente, USCIS cree que casos que califican en la unidad de desnaturalización pueden alcanzar hasta unos miles.